“No quiero trabajar más”, la renuncia de un joven que llevó a un empresario a contratar solo a mayores de 40
Tras perder a un empleado talentoso que prefirió dedicarse al reparto en moto, un gastronómico paraguayo decidió cambiar drásticamente su política de contratación y apostar de forma exclusiva por perfiles sénior que busquen estabilidad.
El choque cultural y de expectativas entre las distintas generaciones dentro del mercado de trabajo sumó un nuevo episodio paradigmático. El empresario gastronómico paraguayo Carlos Garay tomó la determinación de pausar la incorporación de jóvenes de entre 20 y 30 años en su plantilla para orientar las futuras búsquedas de personal exclusivamente hacia trabajadores de más de 40 años.
La resolución se originó a partir de una vivencia personal que lo descolocó. Según detalló el propio empleador, un integrante de su equipo a quien consideraba un trabajador brillante e intachable en sus tareas cotidianas se presentó sorpresivamente para presentar su dimisión. Al indagar sobre los motivos del retiro, la respuesta del joven de 20 años fue contundente: argumentó que no deseaba continuar en el régimen laboral tradicional, que estaba enamorado y que prefería dedicarse de lleno a realizar repartos en motocicleta.
“Vos estás comenzando si tenés 20 años. Tenés que empezar a moverte, entender lo que es un empleo y venís y me renunciás. A partir de ahora voy a trabajar con gente de 40 a 50 años para adelante”, sostuvo el empresario.
Sin desacreditar la labor del delivery, Garay remarcó que los primeros años de la vida adulta representan una etapa crítica para asentar bases profesionales, desarrollar competencias y capitalizar experiencia organizativa. El cortocircuito entre el compromiso a largo plazo pretendido por la firma y la búsqueda de independencia inmediata manifestada por el joven aceleró un replanteo estructural en la selección de talentos.

La nueva estrategia corporativa abre las puertas sin límite de edad superior a postulantes de 40, 50, 60 y hasta 70 años. Para garantizar la fidelización del personal sénior, la firma prometió esquemas salariales competitivos, un trato digno y condiciones de trabajo adaptadas a la trayectoria y responsabilidad de cada puesto.
El dilema de la retención joven
El caso de Garay grafica el creciente abismo entre los modelos de retención de las PyMEs y la escala de valores de la Generación Z y los millennials. Mientras las estructuras empresariales continúan priorizando la jerarquía y la permanencia, las nuevas camadas laborales ponderan la flexibilidad horaria y la autonomía por sobre la carrera tradicional. El paso hacia la contratación masiva de perfiles sénior emerge así no solo como un refugio ante la rotación temprana, sino también como una reivindicación laboral para un segmento históricamente relegado por el mercado.
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