Saltar al contenido
Editorial

Subir al tren del orden

Elegir un destino también implica renunciar, poner límites y dejar equipajes en el andén. Porque el verdadero desafío no siempre es llegar, sino responder por el rumbo que decidimos tomar.

Redacción Tucdia 2 min de lectura
Compartir Seguir en

Tremenda oportunidad es subir al tren del orden. Ofrece dirección hacia el punto deseado, acerca compañías acordes y exige una conducta responsable.

Porque el orden no es quietud ni obediencia ciega. Es dirección. Es saber qué lugar ocupamos, qué nos corresponde hacer y qué debemos dejar de cargar por otros. También es reconocer que todo destino elegido reclama renuncias, disciplina y una cierta fidelidad hacia aquello que alguna vez dijimos querer.

Responsabilidad no es culpa ni sometimiento.

Es habilidad para responder.

Responder ante lo que elegimos.

Responder por lo que decimos.

Responder por lo que hacemos.

Responder también por aquello que postergamos, evitamos o dejamos librado al azar.

Ya se sabe que un logro, o un éxito, como a algunos les gusta nombrarlo, dura apenas un instante. Un instante efímero, luminoso y fugaz. Después, casi sin darnos tregua, nos impulsa hacia algo más: más esfuerzo, más exigencia, más hacer, más aprender.

Y allí comienza el verdadero desafío.

No en llegar, sino en sostener lo alcanzado sin convertirlo en una condena. No en producir incansablemente, sino en distinguir cuándo avanzar, cuándo detenerse y cuándo permitir que el alma alcance al cuerpo.

Porque no todo se logra con deseo.

El deseo orienta.

La intención enciende.

El conocimiento ayuda.

Pero es la conducta responsable la que sostiene el trayecto.

El desorden nos dispersa, nos entretiene con urgencias ajenas y nos hace confundir movimiento con evolución. El orden, en cambio, puede resultar incómodo. Nos obliga a elegir, a priorizar y a aceptar que no todo cabe en la misma estación.

Subir a ese tren es asumir que cada decisión abre un destino, cada demora tiene un costo y cada equipaje posee un peso.

También es aceptar que responder no siempre significa avanzar. A veces responder consiste en detenerse, poner un límite, pedir ayuda, corregir el rumbo o abandonar una excusa que ya conocemos de memoria.

Tal vez el verdadero éxito no consista en llegar primero ni en acumular estaciones, sino en reconocer el propio rumbo, viajar con quienes pueden acompañarnos y conservar la dignidad suficiente para no perdernos de nosotros mismos durante el trayecto.

Porque alcanzar algo importa.

Pero ser capaces de responder por aquello que alcanzamos importa todavía más.

Cogitemus Mirta Brand 
@mirtabrand