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Editorial

La presencia de un hedor intenso en el Gran San Miguel reaviva las quejas contra la industria azucarera

Redacción Tucdia 2 min de lectura
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Habitantes de la capital y zonas periféricas volvieron a experimentar emanaciones nauseabundas en el ambiente. La falta de tratamiento de la vinaza generada por los ingenios vuelve a posicionarse en el centro de las críticas de la comunidad.

Un denso y desagradable olor a materia orgánica en descomposición volvió a percibirse con intensidad en la capital tucumana y municipios del área metropolitana. El fenómeno, que se reitera de manera periódica durante los meses de mayor actividad agroindustrial, provocó un inmediato malestar entre los vecinos, quienes manifestaron su descontento ante las dificultades para desarrollar sus tareas cotidianas en un entorno prácticamente irrespirable.

El origen de la problemática está directamente vinculado con el manejo de la vinaza, un efluente líquido resultante del proceso de destilación de alcohol y bioetanol en la industria sucroalcoholera. La acumulación y el vertido de millones de litros de este residuo orgánico en campos de cultivo y predios cercanos a las zonas urbanas generan la emisión de gases cuyo hedor es transportado por las corrientes de aire hacia los centros poblados.

Especialistas en la materia explican que las condiciones meteorológicas juegan un rol determinante en el agravamiento de la situación. Eventos climáticos como la inversión térmica impiden la dispersión vertical de los vapores, atrapando las emanaciones cerca de la superficie y concentrando la pestilencia durante varias horas consecutivas sobre el conglomerado urbano.

Pese a que la legislación ambiental impone pautas para el tratamiento de los efluentes y a la existencia de alternativas tecnológicas para su transformación en biogas o fertilizantes, el esparcimiento de vinaza cruda a cielo abierto continúa siendo una práctica habitual. La recurrencia de estos episodios expone la falta de controles efectivos sobre las plantas procesadoras y el incumplimiento de las normativas de mitigación ambiental vigentes.

La repetición de este escenario reabre el debate social sobre la convivencia entre el desarrollo industrial y la salud pública. Mientras las autoridades no implementen sanciones contundentes ni exijan la adecuación tecnológica de los ingenios, la población local seguirá expuesta al impacto de una contaminación olfativa que afecta de forma directa la calidad de vida en la provincia.