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Editorial

El agua expone las deudas del crecimiento urbano

Redacción Tucdia 2 min de lectura
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Los anegamientos recurrentes en el gran San Miguel de Tucumán no son un inevitable castigo meteorológico, sino la consecuencia de una infraestructura obsoleta superada por la expansión sin planificación. Asumir el diagnóstico técnico es el primer paso para evitar futuras emergencias.

Cada inicio de la temporada de lluvias renueva en el área metropolitana una inquietud que se ha vuelto sistemática. Calles anegadas, canales desbordados y barrios enteros vulnerables ante tormentas ordinarias conforman un paisaje cotidiano que la sociedad y las instituciones parecen haber naturalizado. Sin embargo, adjudicar estas emergencias de manera exclusiva a la ferocidad del clima o a la acumulación de residuos en la vía pública constituye un diagnóstico incompleto que posterga las soluciones de fondo.

La red de drenaje pluvial del gran San Miguel de Tucumán con el Canal Sur como exponente crítico fue concebida hace más de medio siglo para un territorio con dinámicas radicalmente opuestas a las actuales. En las últimas décadas, la expansión urbana sobre el piedemonte y la consecuente impermeabilización del suelo alteraron el equilibrio hidrológico de la cuenca. La reducción de la capacidad de absorción natural provocó que mayores volúmenes de agua escurran a gran velocidad hacia arterias y colectores cuyo diseño nunca contempló semejante masa líquida.

Estudios técnicos recientes confirman que el sistema opera de forma habitual al límite de su capacidad. Cuando la lluvia se concentra en períodos breves, la infraestructura colapsa no por un evento extraordinario, sino por un déficit estructural de escala metropolitana. La limpieza de cauces y el mantenimiento preventivo son tareas imprescindibles, pero resultan paliativos menores si no se encaran obras de ampliación, rediseño y regulación del escurrimiento con una mirada integral del territorio.

El escenario exige máxima responsabilidad pública frente a pronósticos meteorológicos que advierten sobre fenómenos climáticos de mayor intensidad. Seguir considerando la inundación como un imprevisto equivale a ignorar las evidencias de la ingeniería civil.

El crecimiento de la ciudad no puede continuar disociado de su capacidad para gestionar los recursos hídricos. La adaptación del sistema de desagües a la realidad urbana actual no es una opción técnica entre otras, sino una prioridad impostergable para proteger la calidad de vida, los bienes y la seguridad de miles de vecinos.