Concejal Prof. Carlos Arnedo
En la arena política de San Miguel de Tucumán, se ha vuelto moneda corriente un ejercicio de miopía selectiva que merece ser analizado con rigor. Resulta, por lo menos, curioso observar cómo ciertos sectores del espectro libertario han decidido convertir la crítica municipal en una gimnasia diaria, omitiendo acaso por amnesia conveniente el trasfondo macroeconómico que hoy asfixia a los gobiernos locales.
Para hablar de política con honestidad, primero hay que poner los datos sobre la mesa. No se puede ejercer la fiscalización ciudadana desde el vacío. Los mismos que hoy levantan el dedo acusador contra la gestión de la capital tucumana son quienes guardan un silencio sepulcral ante la retirada estratégica del Estado Nacional.
El cepo financiero a las ciudades
La realidad es técnica y es política: la paralización de la obra pública, la eliminación de los fondos de infraestructura urbana y el recorte en programas de saneamiento y asistencia social no son «ahorros» abstractos; son golpes directos a la calidad de vida de los vecinos de San Miguel de Tucumán. Exigirle al municipio soluciones de primer mundo mientras se aplaude el desfinanciamiento nacional es, en términos llanos, una deshonestidad intelectual. No se le puede pedir al administrador de un consorcio que arregle el techo si desde afuera le han cortado el suministro de materiales.
La gestión como resistencia
Sin embargo, el dato mata al relato. Pese al torniquete financiero impuesto desde la Casa Rosada, la administración de la intendenta Rossana Chahla ha logrado sostener e incluso expandir servicios que durante décadas fueron asignaturas pendientes:
- Higiene Urbana: La recolección de residuos ha dejado de ser un privilegio de pocos para llegar, finalmente, a cada barrio de la ciudad.
- Modernización y Seguridad: La instalación de 45 nuevos complejos semaforizados (elevando el total a 430) y la suma de 300 cámaras de seguridad demuestran que, donde hay planificación, los recursos aparecen.
- Infraestructura de espera: Los 396 nuevos refugios de colectivos son una respuesta concreta para el trabajador que espera el transporte público, una realidad que se gestiona en la calle, no desde un despacho climatizado.
El diagnóstico honesto
Desde el Concejo Deliberante, nuestra postura ha sido la del acompañamiento responsable. Sabemos que la ciudad no es un paraíso y que existen falencias, especialmente en la periferia, donde el olvido histórico aún duele. Pero esas deudas no se cancelan con «reels» de Instagram ni con consignas de barricada. Se resuelven con la ejecución que hoy vemos en la plantación de más de cinco mil ejemplares del arbolado público o en la recuperación del espacio común.
La política seria exige una propuesta alternativa. Quienes critican deberían, al menos por pudor, explicar cómo pretenden compensar la ausencia total de la Nación en nuestras calles.
San Miguel de Tucumán necesita menos retórica de redes sociales y más gestión de cercanía. El doble discurso podrá ganar algunos clics, pero solo la responsabilidad política construye ciudades.
