MIAMI. El domingo, mientras la mayoría del mundo aún dormía, las calles de Miami se transformaron en un río de luces y esfuerzo humano. Entre los más de 18.000 corredores que esperaban ansiosos en los corrales de largada se encontraba Silvana García, una maratonista tucumana que no solo buscaba una medalla, sino la validación de meses de sacrificio. A las 6:00 AM, bajo un cielo todavía cerrado y una humedad tropical que recordaba a sus veranos en el norte argentino, Silvana inició una travesía de 42,195 kilómetros que marcaría un antes y un después en su carrera deportiva.
La resiliencia como motor
Para Silvana, el camino a Miami no empezó en un avión, sino hace 21 años. A los 18, su vida estuvo marcada por diagnósticos erróneos y cirugías innecesarias de apéndice y vesícula. «Hasta que se dieron cuenta de que no era nada de eso, sino una condición: era celíaca», relata. Hoy, a sus 39 años, esa experiencia ha forjado un carácter de acero. La gestión de su dieta libre de gluten es, para ella, una «cuarta disciplina» deportiva. En un entorno desconocido como Estados Unidos, el miedo a la contaminación cruzada es real: «Un poquito nos daña mucho», explica, destacando la importancia vital de haberse hospedado con su hermana, quien se convirtió en su soporte logístico y emocional, levantándose a las 3 de la mañana para asegurar que cada detalle estuviera bajo control.
Los 42 kilómetros: Estrategia y asombro
La preparación física, coordinada por el equipo de atletismo de Pablo Barragán en Santiago del Estero, fue quirúrgica. Cinco meses de planificación y fondos de hasta 36 kilómetros la dejaron en una forma física excepcional. «De piernas estaba excelente», afirma Silvana. Sin embargo, la maratón es un deporte impredecible; un malestar gástrico le impidió alcanzar su objetivo de bajar las 4 horas, una espina que ya planea analizar con su equipo médico.
Aun así, la experiencia fue transformadora. Silvana describe con asombro la organización de nivel mundial: puestos de hidratación cada 3 kilómetros, geles, sales y una marea de gente animando en cada esquina. «Me quedé con la boca abierta. Es real lo que publican, el show y la energía son increíbles», comenta sobre la mística de correr entre Ocean Drive y los puentes que conectan la ciudad, «De toda la logistica de los puestos de hidrtación solo pude tomar «.

El retorno a las yungas: Desafío El Cadillal
Apenas terminada la carrera, Silvana ya piensa en el futuro. Tras un proceso de recuperación regenerativa de dos semanas, su mente ya está puesta en Tucumán. Pero esta vez, no solo como corredora, sino como organizadora. Su gran proyecto es el «Desafío El Cadillal», una competencia que busca replicar los estándares de excelencia que vio en el exterior.
«La armamos pensando en lo que a nosotros, los corredores, nos gustaría que nos brinden», asegura. Con el espejo de agua de El Cadillal como escenario, Silvana busca transformar el running local en una experiencia integral, profesional y humana. Su paso por Miami no fue solo una competencia, fue una clase maestra de logística que ahora volcará en su tierra.
Silvana García vuelve a Tucumán con una medalla, pero sobre todo, con la convicción de que, sea en el asfalto de Florida o en los senderos tucumanos, el verdadero desafío siempre es superarse a uno mismo.
