¿Sabés cuando, donde y porqué nació el mote de «ladrones» a los tucumanos?
Por José Lencina
El apodo nació el 24 de septiembre 1812, durante la Batalla de Tucumán. Ese combate marcó el destino de nuestro país, ya que allí se produciría la primera victoria de tropas argentinas sobre las fuerzas realistas.
El avance del general Pío Tristan, al frente del ejercito español, parecía no tener freno. A su paso nada se oponía. La marcha del convoy cuando hacia ingreso a la capital tucumana, tuvo que cambiar el rumbo a la altura de lo que hoy se conoce como la cuesta del 25, sobre la Ruta Nacional 9, debido a un incendio en las lomas cercanas provocado por los soldados del naciente «Ejercito del Norte».
Los españoles tuvieron que cambiar el rumbo y seguir por el Camino del Perú, bordeando la Ciudad hasta la zona de El Manantial y recién avanzar sobre San Miguel de Tucumán. Este cambio en la hoja de ruta del ejercito realista, posibilitó que tuvieran que atravezar por la zona de lo que hoy se conoce como la Ciudadela, por un sitio conocido como el Campo de las Carreras, un descamapado en medio de la selva donde los lugareños se divertían realizando carreras cuadreras.
Allí se apostaron los integrantes del Ejercito del Norte, para jugarse la única posibilidad de poder derrotar a los invasores. Los españoles consideraban que tomar la Ciudad sería un mero trámite por lo que los cañones, fusíles y la póvora venían descansando mansamente en las 39 carretas que conformaban el convoy.

Cuando se produce el ataque del comandados por Belgrano, en medio de ese intercambio se produjo remolino y una manga de langostas se levanto en el campo de batalla. Los realistas sorprendidos por ese cuadro, en las cuales las langostas rebotaban en sus cuerpos y como eran superticiosos, no enetendían si eran piedras o balas, comenzaron replegarse. Nunca habían visto insectos de estas características, algo que era habitual en esa época del año en el suelo tucmano.
En esa retirada, abandonaron los 39 carretones con toda la artillería. El flanco derecho de ataque de los tucumanos, estaba a cargo del general mayor, Eustaquio Díaz Velez, quien verse con todo el armamento realista, procedió a «tomar» y hacer propios, los fusíles, cañones y la pólvora, además de capturar a varios soldados enemigos.
La artillería allanada fue trasladada hacia la zona del Cabildo, hoy Casa de Gobierno, donde se armó a todos los hombres allí apostados ante un eventual ataque español. Pío Tristán al enterarse de la situación, decidió rendirse ante el general Manuel Belgrano.
En medio de tremendo acto de valor, fue como nació el mote de «ladrones», tal cual se los conoce hoy en día de manera folklorica a los tucumanos.