El Ingenio Aguilares ha dado el puntapié inicial a la Zafra 2026, un evento que trasciende lo meramente productivo para convertirse en un termómetro de la situación económica y social de Tucumán. En una jornada que reunió a los principales actores del sector sucroalcoholero, el inicio de la molienda estuvo marcado por un contraste evidente: por un lado, la apuesta a la eficiencia mediante inversiones millonarias; por otro, un enérgico reclamo hacia las autoridades nacionales respecto a la sostenibilidad del mercado de biocombustibles.
Inversión Estratégica: Modernizando el Corazón del Trapiche
La Compañía Azucarera Los Balcanes no ha escatimado en recursos para esta nueva campaña. Con el objetivo de maximizar los rendimientos y reducir los tiempos de inactividad, el ingenio presentó formalmente una serie de incorporaciones técnicas que son vitales para la ingeniería azucarera contemporánea:
- Logística de carga: Se integró una nueva grúa con capacidad de 15 toneladas.
- Mecánica de precisión: La instalación de dos planetarios para el trapiche asegura una molienda más estable y potente.
- Refinamiento y Seguridad: La suma de un tanque de sulfuro y una centrífuga de última generación promete optimizar la pureza y la calidad final del azúcar.
Estas mejoras no son solo cifras en un balance; representan la intención de la industria de mantenerse competitiva en un mercado global cada vez más exigente y con precios internacionales que fluctúan de manera impredecible.
El Reclamo de Los Balcanes: «No queremos dádivas, queremos la ley»
El discurso de Catalina Rocchia Ferro, directora ejecutiva del grupo, fue el momento de mayor tensión y claridad política del evento. Su mensaje fue una mezcla de pragmatismo y firmeza defensiva. Al referirse a la Ley de Biocombustibles, Rocchia Ferro enfatizó que el sector no busca subsidios, sino reglas de juego claras y el cumplimiento de las normativas vigentes que regulan el precio del alcohol.
«Nosotros sabemos producir, ustedes gobernar; que cada uno haga lo que tenga que hacer», sentenció la ejecutiva ante la presencia de funcionarios.
La advertencia es clara: la rentabilidad de la zafra no depende únicamente del clima o de la habilidad técnica de los trabajadores, sino de una fórmula de precios justa para el bioetanol que permita compensar los costos operativos en un contexto de incertidumbre económica.
Un Respiro para la Economía Regional
Para la ciudad de Aguilares, el inicio de la zafra es mucho más que vapor y molienda; es el motor que reactiva la microeconomía local. La intendenta Gimena Mansilla fue honesta al describir la importancia social del evento, calificándolo como una «bocanada de aire» para una comunidad golpeada recientemente por las inclemencias climáticas.
Desde la esfera provincial, el ministro Daniel Abad destacó que el sector atraviesa un «momento bisagra». Subrayó la inédita unidad entre las provincias azucareras del NOA, que ahora actúan como un bloque sólido para defender sus intereses en Buenos Aires. Según Abad, el diálogo con el Gobierno nacional es constante, pero dejó en claro que la prioridad es la defensa irrestricta de la industria tucumana frente a cualquier iniciativa que pretenda desregular el mercado de forma perjudicial.
Perspectivas para la Campaña 2026
El inicio de la molienda en el Ingenio Aguilares es el primer paso de un largo camino que durará varios meses. Los desafíos son múltiples:
Climatología: Superar el impacto de las lluvias previas en los cañaverales.
Mercado: Navegar la volatilidad de los precios del azúcar y el alcohol.
Social: Garantizar el sustento de las miles de familias que dependen directa e indirectamente de la chimenea del ingenio.
En conclusión, la Zafra 2026 arranca con una industria que demuestra estar lista para producir con eficiencia, pero que exige, al mismo tiempo, que el marco institucional acompañe el esfuerzo privado con justicia y previsibilidad.
