Deportes – La final del Mundial de Qatar 2022 no fue solo un partido de fútbol; fue una experiencia religiosa para los argentinos y, según parece, un evento traumático para sus protagonistas derrotados. A más de tres años de aquella tarde en el Estadio Lusail, Marcus Thuram rompió el silencio y reveló una consecuencia asombrosa de la derrota ante la Albiceleste.
Un estadio que parecía Buenos Aires
Thuram, quien hoy comparte delantera con Lautaro Martínez en el Inter de Milán, recordó el impacto que sintió apenas pisó el césped para el calentamiento. «Recuerdo haber entrado y ver a todos los hinchas de Argentina en el estadio. Nos sentimos como si estuviéramos jugando en Argentina«, admitió en una entrevista con Anita Jones en el programa Kickin’ it.
El delantero galo reconoció que la atmósfera era sofocante y que el deseo del plantel francés era «arruinarles la fiesta» en su propia cara, algo que finalmente no sucedió tras el 3-3 y la posterior definición por penales.
El misterioso olvido: «Es el único partido que no recuerdo»
Lo más impactante de su relato fue la confesión de una amnesia selectiva sobre el trámite del juego. A pesar de haber sido una pieza clave (entró a los 40 minutos por Giroud y asistió a Mbappé para el agónico 2-2), Thuram asegura que su mente borró las imágenes.
«Tengo muy buenos recuerdos de todos los partidos que jugué, incluso puedo darte detalles de encuentros específicos de cuando jugaba en Sochaux. Pero la final es el único partido del que no tengo ningún recuerdo. No sé si fue por la emoción o por el final, pero es como si nunca hubiera pasado», sentenció el futbolista.
El «baile» que no dejó huella
Cabe recordar que Thuram ingresó cuando la Selección Argentina le propinaba un verdadero baile táctico a Francia, con un 2-0 parcial y un dominio absoluto de Lionel Messi y Ángel Di María. Aunque su entrada cambió la dinámica del equipo de Deschamps y permitió la remontada épica para forzar el tiempo suplementario, el dolor de la derrota parece haber activado un mecanismo de defensa en su memoria.
Para Thuram, el partido que paralizó al mundo y le dio la tercera estrella a Argentina simplemente no existe en sus recuerdos.
