La impunidad del caso Paulina Lebbos, esa herida abierta en el corazón de Tucumán desde 2006, se enfrenta mañana a un posible cierre histórico. Virginia Nazarena Mercado, quien fuera la compañera de estudios y confidente más cercana de la víctima, está a un paso de reconocer ante un juez que no dijo toda la verdad. Tras casi dos décadas de sospechas, contradicciones y un «no recuerdo» sistemático, la ex «testigo clave» admitiría su culpabilidad por encubrimiento.
El pacto del silencio que se resquebraja
El escenario será la Sala IV de la Cámara Penal Conclusional. Allí, a las 08:00 de la mañana, el juez Patricio Prado presidirá la audiencia «de visu». Según documentos judiciales a los que se tuvo acceso, la defensa de Mercado y el Ministerio Público Fiscal han alcanzado un principio de acuerdo de juicio abreviado.
Para Alberto Lebbos, el padre que ha peregrinado por tribunales durante 20 años, la audiencia tendrá una carga emocional devastadora: volverá a mirar a los ojos a la mujer que llevaba a dormir a su casa y que, presuntamente, guardó el secreto de los últimos minutos de vida de su hija.
Las grietas de un relato insostenible
La situación de Mercado dio un giro irreversible tras el juicio histórico de 2019. Los jueces Dante Ibáñez, Carlos Caramuti y Rafael Macoritto detectaron que su testimonio no era más que un tejido de inconsistencias. Tres puntos fueron clave para acorralarla:
- El remís fantasma: Mercado nunca pudo explicar por qué esa madrugada, tras salir del boliche Gitana, decidieron subir a un remís «trucho» en lugar de un taxi seguro, como solían hacer. Tampoco logró identificar al chofer, a pesar de haber compartido el viaje.
- La amnesia sobre la violencia: Aunque inicialmente confió a la familia Lebbos que Paulina era víctima de violencia de género por parte de César Soto (mencionando incluso que él la había «agarrado del cuello»), frente a los jueces negó todo. La ironía es macabra: la autopsia confirmó que Paulina murió precisamente por asfixia mecánica por compresión del cuello.
- Contradicciones familiares: Un careo con su propia hermana, Jimena, dejó a Virginia en evidencia cuando negó visitas policiales extrañas que su hermana sí recordaba con claridad.
«Si admite ‘encubrimiento’, estaría reconociendo que su silencio tuvo un objetivo: proteger a alguien y ocultar los rastros de lo que realmente pasó con Paulina.»

¿Justicia o conveniencia legal?
El cambio de carátula a encubrimiento es el golpe final. Al aceptar el juicio abreviado, Mercado evitaría la cárcel efectiva y el escarnio de un nuevo juicio oral, pero cargaría para siempre con el sello de la culpabilidad.
La gran incógnita que sobrevolará la sala mañana es técnica pero también moral: si Mercado admite haber encubierto el crimen, ¿a quién protegió durante veinte años? La firma del acuerdo podría cerrar su expediente personal, pero dejaría una certeza inquietante sobre la red de protección que rodeó uno de los femicidios más impunes de la democracia argentina.
Fuente: TN
