La ciudad de Yerba Buena, con su ritmo de preventas y movimiento constante, fue el refugio elegido por un hombre que creía haber dejado atrás su pasado criminal en el sur del país. Sin embargo, lo que parecía una vida nueva bajo el anonimato de la venta ambulante, terminó este miércoles con un traslado esposado hacia la provincia de La Pampa, donde lo espera una celda y una condena firme.
Todo comenzó a finales de diciembre, cuando una patrulla de la Comisaría Marti Coll recorría las calles en sus habituales tareas de prevención. El escenario era cotidiano: un hombre cargando una canasta con alimentos para la venta. Pero en el oficio policial, el lenguaje corporal suele decir más que las palabras. Al divisar el móvil, el vendedor abandonó la calma del oficio y adoptó una actitud nerviosa que encendió las alarmas de los efectivos.
El sistema que no olvida
Lo que empezó como un interrogatorio protocolar ante las respuestas esquivas del sospechoso, terminó en la delegación policial. Allí, el cruce de datos con el Sistema Federal de Comunicaciones Policiales (SIFCOP) arrojó una ficha que el hombre intentaba sepultar: pesaba sobre él una condena de 9 años de prisión por abuso sexual, dictada por la Justicia de La Pampa.
El fugitivo había logrado cruzar media Argentina para evadir su sentencia, integrándose al paisaje urbano de Tucumán como un trabajador más. Durante semanas, o quizás meses, el vendedor de canasta caminó entre los vecinos ocultando un delito aberrante.
El traslado y el peso de la ley
Tras la captura, se iniciaron los trámites de rigor entre jurisdicciones. Finalmente, este miércoles, una comisión policial de la ciudad de General Pico (La Pampa) arribó a Tucumán para dar cumplimiento al exhorto judicial.
Bajo una fuerte custodia, el condenado fue retirado de la Comisaría Marti Coll para ser trasladado de regreso a la provincia donde deberá purgar la pena que intentó gambetear. El caso cierra una herida abierta para la justicia pampeana y resalta, una vez más, que el anonimato en la era de los datos federales es cada vez más frágil.
