VILLA CHICLIGASTA. Daniel Roberto Quinteros, es un vecino en situación de extrema vulnerabilidad, la delgada línea entre la discapacidad y la indigencia se ha desdibujado en Villa Chicligasta. Allí, un hombre cuya identidad es el reflejo de la desidia estatal, atraviesa una situación humanitaria alarmante. Con un cuadro clínico que incluye fractura de médula, la pérdida de la visión de su ojo izquierdo y una grave lesión pulmonar, el afectado ha decidido romper el silencio para denunciar el abandono de quienes prometieron asistirle.
Un cuadro de salud irreversible
La realidad cotidiana del denunciante es una lucha constante contra las limitaciones de su propio cuerpo. La fractura de médula le ha arrebatado la posibilidad de caminar, dejándolo en una situación de dependencia absoluta. A este diagnóstico se suma una punción en su pulmón izquierdo y la pérdida total de un ojo, secuelas que lo colocan en un estado de vulnerabilidad extrema.
«No puedo manejarme solo; siempre necesito a un tercero para que me ayude a hacer las cosas», relató con crudeza durante su testimonio. Su movilidad reducida y sus limitaciones sensoriales convierten cualquier tarea básica en un obstáculo insuperable sin la infraestructura adecuada.
Promesas rotas y señalados
El eje de la indignación recae sobre la gestión estatal local. Según el afectado, el delegado Emilio González, habría asumido el compromiso, que hasta la fecha, han quedado en palabras vacías. La promesa principal consistía en la provisión de un módulo habitacional y la construcción de un baño adaptado, condiciones mínimas para que una persona con su discapacidad pueda llevar una vida digna.
A pesar de que estos compromisos habrían tenido el respaldo del Ministerio de Obras Públicas, el afectado asegura que la ayuda es inexistente. «Me he cansado de pedir ayuda y no me ayuda nada. No veo resultados», denunció, señalando directamente la inacción de los funcionarios responsables de gestionar los recursos para sectores vulnerables.

El vacío legal y la pobreza extrema
Lo más sorprendente del caso es la ausencia total de red de seguridad social. A pesar de su evidente estado, el hombre manifestó que no percibe ninguna jubilación, pensión ni beneficio económico. Su situación es la de una «pobreza extrema» donde la falta de recursos se combina con la imposibilidad de generar ingresos debido a su discapacidad.
Aunque recientemente se han iniciado los trámites en la Junta de Discapacidad para regularizar su situación administrativa, el proceso burocrático avanza a un ritmo que su urgencia no puede permitirse. El trámite para obtener un beneficio es un camino largo que, por el momento, lo mantiene en la incertidumbre más absoluta.
Un llamado a la respuesta inmediata
La situación en Villa Chicligasta es un recordatorio de las deudas pendientes con las personas con discapacidad. El denunciante no pide lujos, sino las «mínimas condiciones» que le permitan sobrevivir. La falta de un espacio habitacional adecuado no solo es una cuestión de comodidad, sino de salud pública y derechos humanos fundamentales.
Mientras la burocracia sigue su curso, Quinteros continúa esperando que las promesas de González y de una vez por todas se transformen en ladrillos y soluciones reales. Por ahora, su única realidad es la espera, la soledad y una pobreza que no da tregua.
