A seis meses de nuestra publicación, el comisionado de Villa Chicligasta sigue desoyendo al Ministro de Obras Públicas
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«El comisionado ahora no me conoce», denunció Daniel Roberto Quinteros. El delegado Emilio González de Villa Chicligasta jamás cumplió con las obras ordenadas por el propio ministro de Obras Públicas, Ing. Marcelo Nazur. Durante el último temporal, los empleados comunales pasaron por su casa y lo ignoraron: «Si no fuera por Defensa Civil, hubiese quedado a la deriva total».
Hace exactamente seis meses, las páginas de este medio visibilizaban la alarmante situación humanitaria de Daniel Roberto Quinteros en Villa Chicligasta. Su historia desnudó la delgada línea que separa a la discapacidad de la indigencia absoluta, un hombre con fractura de médula, ceguera en su ojo izquierdo y una grave lesión pulmonar, subsistiendo en un desamparo total.
Hoy, medio año después de aquella publicación, la desidia estatal no solo se mantiene intacta, sino que se ha transformado en un acto de abierta rebeldía institucional y crueldad humana. El delegado comunal, Emilio González, jamás movió un dedo para ayudarlo, a pesar de contar con directivas expresas del propio ministro de Obras Públicas de la provincia, el Ing. Marcelo Nazur, quien había ordenado la construcción de un módulo habitacional y un baño adaptado para Daniel.
«El comisionado ahora no me conoce», confiesa hoy Quinteros con una mezcla de impotencia e indignación. Aquellas promesas que llegaron a las esferas ministeriales hoy son papeles archivados por una gestión local que decidió borrarlo del mapa.
Ignorado bajo el agua
La prueba más inhumana de este abandono sistemático se vivió durante las recientes inundaciones que azotaron a Villa Chicligasta. Mientras el agua avanzaba sobre su vivienda, la vulnerabilidad de Daniel, quien depende absolutamente de terceros para moverse llegó a un punto crítico.
En medio de la emergencia, la respuesta de la comuna fue el desprecio:
Indiferencia oficial: Según el crudo relato del damnificado, los empleados de la comuna transitaban en vehículos oficiales por el frente de su casa en pleno temporal.
Mirar para otro lado: A pesar de conocer perfectamente su cuadro clínico y ver que el agua cercaba su hogar, los operarios pasaron de largo. No hubo asistencia, no hubo un trozo de nylon, no hubo un gesto de humanidad por parte de la gestión de González.
Defensa Civil: el límite con la tragedia
Cuando la administración local decide ignorar incluso las órdenes de sus superiores en el Ministerio para soltarle la mano a sus vecinos más frágiles, la frontera con la tragedia se vuelve milimétrica. «Si no hubiese sido por Defensa Civil, hubiese quedado a la deriva total», asegura Daniel. Fue el personal de emergencias provincial el que finalmente acudió al rescate, asumiendo el rol de protección que la comuna de Villa Chicligasta esquivó de manera deliberada.
Una desobediencia que cuesta vidas
Mientras los trámites burocráticos ante la Junta de Discapacidad avanzan a un ritmo asfixiante, Daniel sigue sin percibir una pensión ni ayuda económica local. Sigue atrapado en un cuerpo que sufre y en una vivienda que no está en condiciones de habitar. A seis meses de la primera alerta, el panorama es vergonzoso, un ministro provincial que dio la orden de asistir, un delegado comunal que prefiere simular amnesia y empleados que pasan de largo en medio de una inundación. El barro ya bajó, pero la indignación en Villa Chicligasta empieza a salir a la luz.